LA EXCELENCIA A LA LUZ DE LA VERDAD

-Por Ramón Cavalieri-
(Comunicador Social)




Al argentino le encanta y apasiona utilizar términos que denoten superioridad. Uno de esos términos es “excelencia”. Lo escucharemos y veremos por todos lados. Así por ejemplo se pretende identificar a una institución diciendo “la excelencia educativa”, pero también en muchas otras áreas. De esta manera deberíamos concluir que vivimos en un país “modelo”, de superioridad en casi todo. La realidad demuestra todo lo contrario.




Una mirada introspectiva de nuestro amado país nos sitúa ante un conglomerado de ciudadanos que tristemente pugnan para llegar a fin de mes mientras ven pasar a un grupo de verdaderos superiores que se lo llevan todo.


La realidad argentina está más plagada de penurias y llantos que de “excelencia”, porque algo, o casi todo, funciona mal. 


Creemos vivir en un país modelo que cuenta con un Papa y el mejor jugador de futbol del mundo pero el mundo nos ve distintos: pobres, subdesarrollados, casi en la indigencia como Estado.




El argentino dice: “sí doctor”, “no doctor” a manera reverencial. De igual forma con el resto de las profesiones: “si arquitecto”, “no arquitecto”, “si licenciado”, “no licenciado”, “si profesor”, “no profesor” etc. 


Es que entiende que enfrente está un semi Dios. Gran error.

Veamos.

Una mirada superficial nos asegura que la justicia, aun contando con algunos buenos funcionarios, está “habitada” por abogados que en la actividad privada se morirían de hambre.


Los hospitales con médicos que más bien dan ganas de llorar, escuelas con profesores en escuelas públicas que no durarían una semana en una escuela privada, arquitectos que se le caen sus construcciones, odontólogos que te ponen un diente de otro color o “artistas” que directamente no hacen arte.


Se ha estigmatizado al título como garantía de “excelencia” y es un gran error. Podemos encontrar un Técnico con capacidad superior a un Licenciado, y un Licenciado mucho más capaz que un Doctor.




Los conocimientos empíricos (supuestamente) adquiridos en forma académica, de ninguna manera garantiza capacidad y sobre todo excelencia. Conozco personas que fueron abanderados en primarias y secundarias y fracasaron rotundamente en su profesión.

El conocimiento empírico debe ir acompañado de una cualidad innata, de una vocación superadora y de un sentido ético y moral que será, en definitiva, lo que le dé un sello distintivo que lo acerque a la “excelencia”.

La “mediocridad” impera, y casi siempre.

Es justamente por ello que, cuando necesitamos un profesional pensamos y averiguamos por: “uno bueno”. Si acaso su conocimiento científico lo viste de “excelencia”, no deberíamos averiguar nada, solo deberíamos elegir uno de la lista existente en cada profesión.

Estamos lejos, muy lejos de lograr la “excelencia” en todo como se pretende. La obtención de un título debería significar el inicio del estudio, no su final. Aun así, hay capacidades que no vienen de la mano únicamente del estudio inicial que lo tituló. Se necesita de habilidad, destreza, intuición, investigación, práctica y voluntad; cualidades que muchas veces no son tenidas en cuenta o se las abandona al recibir el diploma.


Una de las profesiones que desnuda esta realidad es el periodismo. Allí la ley permite no ser “académico” para ejercerlo porque de hacerlo estaría coartando la libertad de expresión. 


Y digo “desnuda” porque será posible encontrar periodistas “no académicos” absolutamente superiores a quienes se tragaron toda la teoría.


Pero claro, podrá pensarse en la equivoca interpretación de este análisis. Sería bueno recordar, en conclusión, algunos conceptos que nos traerán mayor certeza.


José Ingenieros define la mediocridad en varios pasajes de su obra como “el hábito de renunciar a pensar”, “llaman hereje a quienes buscan una verdad” (sin comprender que como señaló Shakespeare “El hereje no es el que arde en la hoguera, sino el que la enciende”), “sus ojos no saben distinguir la luz de la sombra”, “la originalidad les produce escalofríos”, “pronuncia palabras insustanciales”, “el esclavo o el siervo siguen existiendo por temperamento o por falta de carácter.

Hasta la próxima.



Fuente: Banco de Datos

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