A 11 años de su partida, la obra del padre “Chifri” perdura y crece en la Quebrada del Toro-Salta

El sacerdote falleció el 23 de noviembre de 2011, a los 46 años, a raíz de una descompensación.




En las 27 comunidades de la Quebrada del Toro, especialmente de Alfarcito, y todos los salteños tienen presente la imagen y la obra del padre Sigfrido Moroder, “Chifri”, como lo llamaban cariñosamente.


Hoy se cumplen 11 años de su fallecimiento y el silencio se hace sentir en los cerros.


Su trabajo en las poblaciones más aisladas y necesitadas de la cadena montañosa del departamento Rosario de Lerma es monumental. 


No solo por la infraestructura educativa y de formación en oficios que levantó allí, sino también porque pudo poner en valor la cultura local y grabar a fuego en el corazón de la gente el deseo y la esperanza de crecer y de progresar en su propia tierra.


Pese a la partida del padre Chifri hacia la eternidad el 23 de noviembre de 2011, con tan solo 46 años, su espíritu impregna cada metro cuadrado y cada una de las almas que habitan en los centenares de cerros de la Quebrada.


Prácticamente toda la gente de la zona ha visto su vida influenciada de alguna manera, por la huella del “curita” Moroder. 


En este nuevo aniversario, no tardaron en surgir expresiones de cariño y admiración de quienes tuvieron la dicha de conocerlo.


En la Quebrada del Toro hay unos 27 parajes aislados y 21 escuelas rurales. 




En octubre de 2004 "Chifri" sufrió un accidente mientras practicaba parapente. Una ráfaga lo lanzó hacia unas rocas causándole serias lesiones en la médula, que le impidieron volver caminar. 


Lejos de abatirse, su fe en Dios y su amor por los más necesitados lo llevaron a sobreponerse y continuar con su obra evangelizadora hasta el último día de su vida.





Desde la Fundación Alfarcito expresaron:


La Fundación Alfarcito recuerda la partida de nuestro querido Padre Sigfrido Maximiliano Moroder. 


Él fue enviado a esta región salteña en el año 1999. Su esfuerzo fue promover la economía de las comunidades de esa extensa y aislada zona.


Para poder conocer detalladamente cada rincón de los valles y quebradas, se adentró por cada camino y senda, descubriendo comunidades que vivían aisladas y alejadas de los centros urbanos. 


En ellos encontró capacidades y potencialidades que buscó desarrollar, respetando siempre sus usos y costumbres.


Su personalidad simple y franca, le permitió ganarse el corazón de las personas. 


Llegaba con su poncho y su guitarra, cantándoles las coplas de los pueblos andinos, para enseñarles a alabar a Jesús y a la Virgen María. 


Poco a poco se metió en sus corazones donde continúa vivo su recuerdo.


Las enseñanzas de Chifri perduran, él sembró una semilla que da más y mejores frutos cada año. 


Gracias Chifri por tantas huellas que dejaste, gracias a Dios que mandó un “Ángel” a esta zona.


Fuente: Carlos Alberto Figueroa

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