A principios de año, la tranquilidad de saber que había vacunas para frenar la COVID-19 nos unió: íbamos a estar a salvo.

Ese júbilo inicial se disipó al comprender que no todos tendremos pronto la misma protección. Por ejemplo, de los 905 millones de dosis de vacunas aplicadas hasta ayer en todo el mundo, solo el 0,2 por ciento se distribuyeron en países de bajos ingresos.





La situación es desigual y urgente: el virus va más rápido que la vacunación. Y se están creando enormes divisiones entre quienes tienen acceso a las vacunas y quienes no.


Hay países que buscan proteger sus fronteras y han empezado a estudiar la posibilidad de restringir el acceso a las personas no vacunadas mediante los llamados pasaportes de vacunación.


La escasez de vacunas también está ayudando a reconfigurar el mapa geopolítico del mundo.




Paraguay, por ejemplo, es una de las 15 naciones en el mundo que tienen relaciones diplomáticas plenas con Taiwán. Sin embargo, la crisis de la COVID-19 y la falta de vacunas podrían empujar al país a reconsiderar sus lealtades históricas y estrechar lazos con China, que ayudaría a resolver rápidamente el asunto.


Pero incluso en los países sin problemas de suministros, la vacunación evidencia profundas diferencias ideológicas: un análisis reciente del Times, por ejemplo, encontró que los votantes de Trump son menos propensos a la vacunación y los condados que votaron por el Partido Demócrata se muestran más dispuestos a vacunarse.


De modo más personal, ver que algunos se vacunan y reactivan su vida mientras otros seguimos esperando nuestro turno, también desafía nuestra paciencia y bondad individuales.


“¿Existe alguna palabra para la alegría y la envidia simultáneas?”, dijo Juliette Kayyem, profesora de la Universidad de Harvard para referirse a estas emociones encontradas que, al menos en Estados Unidos, deberían terminar ya mismo: a partir de ayer, todos los estadounidenses de 16 años o más pueden vacunarse libremente.


Los temores de Occidente sobre las vacunas obstaculizan el proceso de inmunización en otras partes del mundo


En medio de una profunda controversia, las advertencias occidentales sobre las vacunas AstraZeneca y Johnson & Johnson corren el riesgo de provocar una explosión de desconfianza global contra las vacunas.


Mucho más allá de Estados Unidos y Europa, las amenazas de seguridad que rodean a las vacunas de AstraZeneca y Johnson & Johnson han puesto en peligro las campañas para inmunizar al mundo, socavando la confianza en dos fármacos muy necesarios y amenazando con prolongar la pandemia de coronavirus en países que no pueden permitirse el lujo de ser exigentes cuando se trata de las vacunas.


Con el aumento de los nuevos contagios en casi todos los continentes, están surgiendo indicios de que la campaña de vacunación está en peligro en diversas regiones como África.


En Malaui, la gente le pregunta a los médicos cómo eliminar la vacuna AstraZeneca de sus cuerpos.


En Sudáfrica, los funcionarios de salud han hecho una pausa en el proceso de inmunización con la vacuna de Johnson & Johnson, la única que tienen, porque desde febrero ya no utilizan la de AstraZeneca.




Y en la República Democrática del Congo, ni una sola persona ha sido vacunada, a pesar de que 1,7 millones de dosis de la vacuna de AstraZeneca languidecen en las instalaciones sanitarias del país desde el 2 de marzo.


En esos países y muchos otros, el colonialismo occidental y las prácticas médicas poco éticas han generado desconfianza en las vacunas, un fenómeno que podría empeorar si se afianza la percepción de que los países ricos están lanzando inyecciones de segunda categoría para el sur del planeta.


Los médicos dicen que las recientes pausas ya han reivindicado a los escépticos de las vacunas y han hecho que muchos otros se sientan engañados.


“Las personas, especialmente aquellas que fueron vacunadas, sintieron que habían sido engañadas. Muchas se preguntaban: ‘¿Cómo podemos deshacernos de la vacuna en nuestro cuerpo?’”, dijo Precious Makiyi, médico y científico conductual en Malaui, donde los trabajadores sanitarios han estado corriendo para vaciar sus estantes de dosis de AstraZeneca casi vencidas. 


“Luchamos muy duro con los mensajes sobre las vacunas,
pero lo que sucedió la semana pasada nos ha
regresado al punto de partida”.


Los funcionarios de salud africanos han reaccionado con furia ante las despreocupadas declaraciones de los legisladores estadounidenses y europeos que aseguran que las personas que no tienen acceso a las dosis de AstraZeneca o Johnson & Johnson podrían recibir otras vacunas. En gran parte del mundo, no existen otras vacunas.


Incluso cuando los funcionarios de salud estadounidenses enfatizaron que detuvieron el uso de la vacuna Johnson & Johnson el martes por una “precaución excesiva”, obligaron a que las autoridades sanitarias de todo el mundo tuvieran que argumentar que las vacunas que no eran seguras para los países ricos del mundo seguían siendo adecuadas para los pobres.


“Están tirando la confianza en las vacunas a un cráter”, dijo Ayoade Alakija, copresidenta de la Alianza de Entrega de Vacunas en África de la Unión Africana, sobre las acciones de los países ricos. “Es un mensaje irresponsable que habla del egoísmo de este momento, en que no se hicieron más consultas ni hubo más comunicación”.




Lo que los países ricos definen como precaución es algo que las naciones más pobres experimentarán como una apuesta devastadora enfocada en la supervivencia de sus ciudadanos contra la COVID-19. “Por precaución, no deberíamos destruir la confianza en las vacunas en aquellos lugares que solo tienen acceso a un tipo de vacuna”, dijo Alakija.


Las vacunas AstraZeneca y Johnson & Johnson, más baratas y fáciles de almacenar que las alternativas, son los pilares de las inoculaciones mundiales. Las dosis de AstraZeneca se están utilizando en al menos 118 países. Últimamente, en medio de la escasez de esa vacuna, algunas regiones han optado por la de Johnson & Johnson: hace dos semanas, la Unión Africana adquirió 400 millones de dosis.


Juntas, las dos vacunas representan un tercio de la cartera de Covax, el esfuerzo internacional para adquirir y distribuir vacunas.


Pero cada día es más evidente que esas inyecciones, fabricadas sobre una plataforma de vacunas relativamente robusta, se están convirtiendo en una idea tardía en las naciones ricas. Después de cancelar las citas de las personas que iban a recibir dosis de Johnson & Johnson, debido a preocupaciones por el surgimiento de algunos casos relacionados con coágulos sanguíneos, las entidades estadounidenses ofrecieron a las personas las vacunas más caras de Pfizer o Moderna en su lugar.

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