¿Cómo saber si es el momento de volver a salir?
En unos días, por todo Estados Unidos se escuchará el incesante zumbido de miles de millones de cigarras. Después de 17 años bajo tierra, su sistema de regulación interno y el clima cálido les indicará a estos insectos que es hora de salir a la superficie.
Los humanos en cuarentena no contamos con un reloj interno —ni externo— que nos indique con certeza cuándo y cómo salir al mundo otra vez.
Los historiadores sostienen que, a veces, el fin de una pandemia no tiene que ver con una decisión de salud pública sino con el hartazgo colectivo: “Las personas pueden cansarse tanto de las restricciones y declarar que la pandemia terminó”.
Y es que, ante los mensajes contradictorios de las autoridades, el despliegue caótico de las campañas de vacunación y el surgimiento de nuevas variantes del coronavirus, nuestra brújula para salir y recobrar algo de normalidad es una combinación de impaciencia y cautela.
Lo cierto es que seguimos teniendo más preguntas que respuestas.
Salir implica, también, volver a reunirnos con nuestros amigos. Sin embargo, ¿de verdad queremos volver a verlos a todos?
En un estupendo ensayo, Alex Williams observa que la pandemia ha servido como una suerte de “criba social” que nos ha obligado a reevaluar a quiénes queremos tener cerca de verdad. La respuesta puede que nos enfrente a verdades incómodas.
Las personas más jóvenes tal vez no extrañen tanto a sus seres queridos sino a los seres aún por conocer y querer. Para ellos, que se preguntan si es seguro volver a los bares o besar a un desconocido, los expertos ofrecen algunas pautas.
Si, como me pasa a mí, la perspectiva de volver a convivir con otras personas te causa un poco de ansiedad, conviene recordar que “no pasa nada si no te sientes preparado para volver a socializar con los demás”. Tal vez te sirvan estas prácticas recomendaciones para decidir con quién y de qué modo socializar.
Empieza poco a poco
Aunque estés fastidiado de los límites del confinamiento, recuerda que retomar las actividades sociales como antes todavía no es del todo seguro. En mayor parte el riesgo de transmisión del coronavirus sigue siendo alto.
Si desconfías de la reincorporación, comienza con una salida de menor riesgo. “Es como si dieras pasitos de bebé para volver a la actividad”, aseguró David Hilden, internista de Minneapolis, quien es anfitrión de un programa de radio semanal en el que responde a las preguntas del público acerca de la pandemia.
Hilden ha observado esto de primera mano: a principios de este mes, se reunió con un amigo para tomar juntos una cerveza por primera vez desde el inicio de la pandemia.
“Ahora que ya probamos salir, muchas reuniones por Zoom terminan con: ‘Oye, creo que ya podemos reunirnos’”, dijo.
Piensa que quedar en verse puede requerir mayor esfuerzo
Tras recibir su primera dosis de la vacuna contra el coronavirus, Aditi Juneja, una abogada de Nueva York, esperaba sentir el mismo torrente de alivio que algunos de sus compañeros habían descrito tras recibir la suya.
Mientras hablaba por teléfono con una de sus amistades, empezó a pensar en futuras desveladas y viajes a destinos lejanos.
“Pensé: ‘Quiero bailar en los bares’”, dijo Juneja, de 30 años. “Sentía cierta euforia al imaginar las posibilidades”.
Al cabo de diez minutos, incluso las versiones fantásticas de estos escenarios le parecieron agotadoras. La realidad también puede serlo. Describió la sobrecarga sensorial y la desorientación que sintió al cenar al aire libre con un amigo por primera vez en meses.
“Creo que nuestra capacidad para recibir información ha disminuido”, aseveró Juneja.
Esto sucede en especial en el caso de las personas que padecen ansiedad social, a las que los confinamientos han ofrecido cierto alivio y para las que la reapertura presenta nuevos factores de estrés.
Pero incluso las personas extrovertidas pueden experimentar un periodo de ajuste, mientras nuestros cerebros se adaptan a la planificación y el monitoreo de las respuestas a situaciones desconocidas.
Al principio de la pandemia, la gente tuvo que cambiar su comportamiento para cumplir con el distanciamiento social, el uso de cubrebocas y el resguardo en casa, pero el aprendizaje de esos nuevos comportamientos (y ahora, el reaprendizaje de los antiguos) puede tener consecuencias cognitivas.
“Los entornos sociales son especialmente exigentes”, comentó David Badre, autor del libro On Task: How Our Brain Gets Things Done y profesor de ciencias cognitivas, lingüísticas y psicológicas en la Universidad de Brown. “Cuando tenemos que concentrarnos de verdad y planificar lo que estamos haciendo, eso conlleva un esfuerzo intelectual”, continuó. “Se siente como fatiga mental”.
No obstante, hay buenas noticias. Lo más probable es que te resulte más fácil reaprender viejos comportamientos que aprender otros completamente nuevos. “La clave es no evitar ese esfuerzo”, dijo Badre. “Al volver a la actividad, te acostumbrarás de nuevo”.
Establece límites para ti mismo
Aunque en el último mes se ha producido una avalancha de reaperturas en todo el país, algunos escenarios podrían seguir encendiendo una alerta en tu cabeza. El hecho de que estos lugares estén abiertos no significa que tengas que ir.
¿Y si un amigo o familiar quiere ver una película o cenar fuera? Si expresas tu desacuerdo respecto a lo que es seguro, tal vez sientas que das a entender que tus acompañantes son menos responsables o poco éticos.
Sunita Sah, profesora de la Universidad de Cambridge y de la Universidad de Cornell, ha estudiado este fenómeno, que denomina “ansiedad ante la insinuación”. En sus estudios, Sah ha descubierto que los pacientes suelen seguir los consejos de su médico, aunque crean que este tiene un conflicto de intereses, y que los candidatos a un puesto de trabajo suelen responder a preguntas de la entrevista que saben que son ilegales que les hagan. Estas reacciones se deben, en parte, a la preocupación de que expresar desacuerdo pueda insinuar que la otra persona —el médico o el entrevistador—no es digna de confianza.
Se puede presentar una situación similar si te enfrentas a alguien cuya actitud hacia los protocolos de salud pública difiere de la tuya. Las investigaciones de Sah han demostrado que cuando las personas tienen la oportunidad de sopesar sus decisiones en privado, es menos probable que experimenten esta ansiedad y hagan algo que les incomode. Sah recomienda escribir los límites a los que te quieres adherir y tomarte un tiempo antes de aceptar el plan de otra persona.
“Evalúa tu propio nivel de riesgo y comodidad”, señaló Sah, “para que tengas muy claro lo que te gustaría hacer y lo que no”. Esto también te proporcionará un instrumento claro de cómo tus niveles de comodidad cambian con el tiempo a medida que te reajustas.
Prepárate para las conversaciones complicadas
Durante el año pasado, los lineamientos sobre salud pública variaron a menudo de manera extrema a nivel federal, estatal e incluso municipal, pues algunas zonas abrieron sus puertas de par en par, aunque los expertos seguían aconsejando tener precaución.
Esto también se ha reflejado en las relaciones interpersonales. Ha creado roces entre parejas, familiares y amigos, y ha llevado a los individuos a formular preguntas desafiantes, en ocasiones aparentemente intrusivas.
Ahora, es posible que a esa lista se añada la pregunta: “¿Estás vacunado?”. (En Twitter, una mujer propuso recientemente “doulas de reincorporación” para ayudar a las familias a sortear conversaciones sobre el establecimiento de límites).
Aun así, seguirá siendo importante mantener estas conversaciones en los próximos meses. “No es algo abstracto”, dijo Marci Gleason, profesora adjunta del Departamento de Desarrollo Humano y Ciencias de la Familia de la Universidad de Texas en Austin, cuyo laboratorio ha analizado las relaciones durante la cuarentena. “Se reduce a la pregunta de si podemos socializar con los demás o no, de la manera que ellos quieran”.
A veces, puede parecer una lucha de poder sobre cuánto se valora la amistad del otro. Mantente abierto respecto a tus propios miedos y vulnerabilidades, y deja en claro que cuando no estás de acuerdo, estás expresando tu propia preferencia y no rechazando a la otra persona. Sé sencillo, sobre todo con amigos o familiares con quienes no sueles tener conversaciones emotivas y sinceras.
Esta empatía y franqueza también será una ventaja si ves que tus amigos y compañeros han desarrollado la tendencia a compartir demasiado, ya sea por ansiedad o por estar hambrientos de conversación. (Puede que tú también lo hagas). Si un tema de conversación te hace sentir incómodo o ansioso, dilo.
“Ser realmente abierto y directo es la mejor manera”, dijo Danesh Alam, psiquiatra y director médico de los servicios de salud del comportamiento en el Northwestern Medicine Central Dupage Hospital. Alam sugirió estudiar para las conversaciones, preparar algunas preguntas y temas para charlar con más intención y mantener las cosas dentro del tema.
Tómate tu tiempo
No pasa nada si no te sientes preparado para volver a socializar con los demás. A través de los desafíos del periodo de encierro, quizá hayas descubierto que “tu salud mental se encuentra mejor cuando tienes tiempo para la calma, el descanso y la introspección”, afirmó McBride.
Así que tómate tu tiempo al considerar los beneficios de volver a salir a la calle: incluso las interacciones casuales han demostrado fomentar el sentido de pertenencia y de comunidad. “La interacción social es fundamental para nuestra existencia”, afirma Alam.
Recuerda también que seguramente habrá momentos extraños cuando empieces a ver a otras personas con más regularidad y choquen tus instintos pandémicos (nada de abrazos) y los de antes (“¿Quieres un pedacito de esto?”).



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