Te presentamos a los pipícicladores. Abonan la tierra con orina
La escasez de fertilizantes, agravada por la guerra en Ucrania, tiene a los agricultores desesperados. Pero resulta que la orina humana tiene los mismos nutrientes que necesitan los cultivos.

Cuando Kate Lucy vio un cartel en la ciudad invitando a la gente a aprender sobre algo conocido como peecycling —que en español podría ser pipíciclar— estaba desconcertada. “¿Por qué alguien iba a orinar en una jarra y guardarla?”, se preguntó. “Parece una idea muy loca”.
Tenía que trabajar la tarde de la sesión informativa, así que envió a su esposo, Jon Sellers, para aplacar su curiosidad. Él volvió a casa con una jarra y un embudo.
La orina humana, aprendió Sellers esa noche de hace siete años, está llena de los mismos nutrientes que las plantas necesitan para florecer.
Tiene muchos más, de hecho, que el número dos, con casi ninguno de los patógenos.
Los agricultores suelen aplicar esos nutrientes —nitrógeno, fósforo y potasio— a los cultivos en forma de fertilizantes químicos. Pero eso tiene un alto costo medioambiental derivado de los combustibles fósiles y la minería.
El grupo local sin fines de lucro que dirigía la sesión, el Rich Earth Institute, estaba trabajando en un enfoque más sostenible: las plantas nos alimentan, nosotros las alimentamos.
Esfuerzos como éste son cada vez más urgentes, dicen los expertos. La invasión rusa a Ucrania ha agravado la escasez de fertilizantes en todo el mundo, lo que conduce a los agricultores a la desesperación y amenaza el suministro de alimentos.
Los científicos también advierten que alimentar a una población mundial creciente en un planeta con cambio climático solo se volverá más difícil.
Ahora, después de más de 3700 litros de orina donada, Lucy y su esposo forman parte de un movimiento mundial que intenta hacer frente a una serie de retos —como la seguridad alimentaria, la escasez de agua y el saneamiento inadecuado— sin desperdiciar nuestros desperdicios.
Al principio, al recoger su orina en una jarra “chorreaba un poco”, dijo Lucy. Pero ella era enfermera y él profesor de preescolar; la orina no los asustaba.
Pasaron de dejar un par de recipientes cada semana en casa de uno de los organizadores a instalar grandes depósitos en su propia casa que son bombeados por profesionales.
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Kate Lucy y Jon Sellers en casa con sus hijos. Al principio, al recolectar la orina “chorreaba un poco”, dijo Lucy. Credit: John Tully para The New York Times |
Ahora, Lucy siente una punzada de arrepentimiento cuando utiliza un inodoro normal. “Hacemos este increíble fertilizante con nuestros cuerpos, y luego lo tiramos por el inodoro con galones de otro recurso precioso”, dijo Lucy. “Es realmente salvaje pensar en ello”.
De hecho, los inodoros son, de lejos, la mayor fuente de consumo de agua en los hogares, según la Agencia de Protección Ambiental.
Una gestión más inteligente podría ahorrar grandes cantidades de agua, una necesidad urgente a medida que el cambio climático agrava la sequía en lugares como el oeste de Estados Unidos.
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Arthur Davis, investigador y director de programa en el Instituto Rich Earth, preparaba un camión recolector de orina en mayo. Credit: John Tully para The New York Times |
También podría ayudar a resolver otro problema profundo: los sistemas de saneamiento inadecuados —que incluyen fosas sépticas con fugas y una infraestructura de aguas residuales envejecida— sobrecargan los ríos, lagos y aguas costeras con nutrientes procedentes de la orina.
El desagüe de los fertilizantes químicos empeora la situación. El resultado es la proliferación de algas que provoca la muerte masiva de animales y otras plantas.
Un ejemplo dramático es el de los manatíes de la laguna Indian River, en Florida, que están muriendo de hambre después de que las floraciones de algas provocadas por las aguas residuales destruyeran las hierbas marinas de las que dependen.
“Los entornos urbanos y acuáticos están terriblemente contaminados, mientras que los entornos rurales se quedan sin lo que necesitan”, dijo Rebecca Nelson, profesora de ciencias vegetales y desarrollo global de la Universidad de Cornell.


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