Antonio el Bailarín, el gran olvidado
Antonio el Bailarín, del que se cumplen 104 años de su nacimiento este mismo año. A día de hoy, debería ser considerado uno de los bailarines españoles más universales. Sin embargo, poco o nada se sabe de esta gran figura de la danza en España. No solo fue un ejemplo de disciplina, trabajo y esfuerzo, sino que también desbordaba talento y embrujaba a todo el que le veía bailar. Su magnetismo era único. Además, fue todo un transgresor y un adelantado a su época. Algunos expertos del flamenco en la actualidad aseguran que hoy en día se baila el flamenco que bailaba Antonio el Bailarín.
Su primer sueldo fue una caja de bombones.
Antonio Ruiz Soler nacía en el barrio sevillano de San Lorenzo un 4 de noviembre de 1921, hace nada menos que 104 años.
Llevaba la danza muy dentro y siendo tan solo un niño ya se movía como nadie.
Por su primera actuación, con 5 años, le pagaron con una caja de bombones y unos reales para ayudar a su madre.
El apodo de “El Bailarín”, con el que Antonio se convirtió en una estrella, fue fruto del desprecio de su padre.
Así llamaba a su hijo despectivamente cada vez que le veía volver de la academia de baile que su madre, que limpiaba casas, quiso pagarle de su propio bolsillo, con mucho esfuerzo.
Desde que comenzó, Antonio destacó en aquellas clases. No solo por ser el más pequeño (solo tenía cinco años), sino también por ser el único niño entre un elenco de niñas.
Al mismo tiempo que se formaba en la danza, Antonio bailaba por las calles con un músico callejero llamado Juan el Organillero, hasta que en 1927, con 6 añitos, se unió a Rosario, y se convirtió en todo un prodigio.
Ambos fueron conocidos al principio como ‘Los Chavalillos Sevillanos’.
Con ella compartió nada menos que 20 años de carrera. Cuando la Guerra Civil estalla en España, ambos huyeron a Francia para después conquistar Latinoamérica y Estados Unidos.
Algunos expertos del flamenco en la actualidad aseguran que hoy en día se baila el flamenco que bailaba Antonio el Bailarín.
Con Pepa Flores
Su arte les llevó de gira 12 años por Latinoamérica y Estados Unidos, de 1937 a 1949.
Cosecharon un éxito sin igual.
Todo el mundo hablaba de ellos, incluidos los medios más importantes, como el New York Times, el Washington Post y Los Angeles Times.
Incluso Hollywood se rindió a sus pies, cuando la Metro Goldwyn Mayer les fichó para la película Ziegfeld Girl, en 1941.
En 1949, puso rumbo de regreso a España, siempre junto a su pareja artística, Rosario.
A pesar de que tenían sus reticencias por volver, el éxito en su país natal continuó. Antonio el Bailarín era aclamado por todos.
En 1952 la pareja artística se separó y Antonio creó su propia compañía: Antonio Ballet Español.
Aquí comienza la que probablemente sea la etapa más rica de toda su carrera.
El apodo de “El Bailarín”, con el que Antonio se convirtió en una estrella, fue fruto del desprecio de su padre.
A la cárcel por blasfemar
En 1972 Antonio seguía siendo el mejor bailarín de España pero, aunque él no lo sabía todavía, este era el principio del fin.
El 14 de diciembre de ese año, durante el rodaje de El sombrero de tres picos que dirigió Valerio Lazarov para TVE, Antonio espetó un “me cago en los muertos de Cristo”, al enterarse de que un bailarín había caído enfermo y otras dos compañeras estaban resfriadas.
No hay que olvidar que eran los años de la dictadura franquista en España y un comentario como este podía salir muy caro.
Escuchado por un policía municipal, Antonio fue acusado de blasfemia y escándalo público, al proferir el grito en medio de la calle y ante algunos niños.
Antonio creyó que se arreglaría pagando una multa, pero a las 10.000 pesetas de sanción, el magistrado añadió dos meses de cárcel.
Cuando vio que la cosa se ponía seria, el artista mostró arrepentimiento, se definió como creyente y aseguró que el insulto se dirigía a su chófer, Cristóbal, a quien afectivamente llamaba Cristo.
Nada de esto funcionó y Antonio entró en la cárcel en marzo de 1974. Fueron muchos los que se movilizaron por que saliese de allí cuanto antes.
Finalmente, y tan solo dos semanas después de entrar en prisión, Franco decidió indultarle para salvar la imagen del régimen.
Eso sí, tuvo que pedir perdón público en la Iglesia, ante las cámaras de RTVE, a fin de divulgar la devoción del arrepentido, la indulgencia de Dios y la clemencia de un Generalísimo timonel de la Santa Cruzada.
Precioso retrato fotografiado por Juan Gyenes
El declive de su carrera
A partir de este momento, todo fue un descenso en picada. En 1978 realizó una gira de despedida, a la que puso punto y final en Japón.
Dos años más tarde, fue nombrado por el Ministerio de Cultura director del Ballet Nacional de España, en sustitución de Antonio Gades.
Permaneció tres años en el cargo, pero acabó siendo destituido. Todo apunta a que la publicación de unas memorias donde desvelaría sus relaciones amorosas contribuyó a que muchos le dieran la espalda.
Con su cuerpo medio paralizado, Antonio se despidió el 30 de septiembre de 1.993 en un homenaje organizado por familiares y amigos.
Fue su última gran ovación, una actuación cargada de aplausos en su último compás.
Tras sufrir un ictus que le dejó postrado en una silla de ruedas, Antonio se fue apagando poco a poco hasta morir a los 74 años en febrero de 1996.
Antonio Correderas e Inmaculada Salomon en el homenaje del Ballet Nacional
Antonio entró en la cárcel en marzo de 1974 por decir “me cago en los muertos de Cristo”.
Homenaje del Ballet Nacional
A pesar de su gran influencia en varias generaciones de bailarines, cuando se cumplieron 100 años de su nacimiento y 25 de su muerte, Antonio sigue sin recibir el reconocimiento que merece una figura que puso en pie a Broadway y Hollywood y ante quien se postró Léonide Massine o Rudolf Nureyev.
Por eso, el Ballet Nacional de España, en ese año de su centenario, ha conmemorado al gran bailarín con un gran espectáculo desarrollado en su ciudad natal, Sevilla.
Otros actos han tenido lugar a lo largo de 2021 en conmemoración del centenario de su nacimiento, como un montaje del Ballet Flamenco de Andalucía, un congreso internacional que organizó ese mes la Universidad de Sevilla y una exposición de su legado, que se desarrolló de forma paralela a ese simposio.
El encuentro estuvo coordinado por la Cátedra de Flamencología de la Hispalense, al frente de la cual estuvo el exrector de esa universidad, Rafael Infante.
Fuente: https://genteyold.com/









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