Una casa de 1915 en Canela: Lo que perdimos y ganamos con el tiempo

En mayo pasé una semana en Canela, en la Sierra Gaucha. Fue un viaje encantador y fue imposible no quedar encantada con la arquitectura llena de influencia alemana. 




Se trata de una construcción encargada por un pedido de una familia alemana adinerada, finalizada en 1915 y que se conserva hasta nuestros días.


El lugar es tan increíble que la familia Frazen, propietaria del lugar hasta el día de hoy, decidió abrirlo a los visitantes. 


La casa se transformó en un auténtico museo sobre la forma de vivir de principios del siglo pasado.




La casa de la familia Frazen fue construida con dos plantas, 12 habitaciones y una altura de techo de 4,35 m. 


Está fabricado íntegramente en madera de araucaria y tiene un sistema de herrajes, tornillos largos y ¡sin clavos! 


La madera utilizada en la construcción de la casa también recibió un tratamiento especial para hacerla más resistente: fue sumergida durante seis meses en las aguas de un río y luego secada a la sombra durante otros seis meses. Sí, había menos prisa.




Durante este recorrido, lo que más me llamó la atención de ese estilo de vida fue que había menos distracciones en el entorno. Todas las habitaciones fueron utilizadas para su propósito. 


El comedor se utilizó, ¡mira!, ¡para cenar! El dormitorio para descansar, el baño para la higiene, etc. Lamento que hayamos perdido eso con el tiempo. 


Sí, lo sé, mucho de esto se debe a nuestros reducidos espacios que nos obligan a poner la oficina en casa en el dormitorio, el televisor en el salón y la sala de juegos en el lugar donde duermen los niños.


Pero ¿alguna vez has pensado en la vida tranquila que sería no tener que amontonar espacios y poder dedicarte en exclusiva a las actividades de cada ambiente? ¡Y todavía venden el mindfulness como algo nuevo! jajaja 




Lo que había en la estufa era strudel de manzana (¡maravilloso, por cierto!) y té de manzana (que no probé allí, ¡pero lo traje para prepararlo en casa!).




Sentí una envidia increíble de este estudio tan bien iluminado y con una mesa enorme para coser y hacer manualidades.





¿Pero entonces “era mejor en el pasado”? No exactamente. 


Basta con echar un vistazo a la sala de utensilios para sentirse feliz de vivir en el siglo XXI: un frigorífico de aproximadamente un metro de largo, una mantequera y una plancha de carbón, entre otras "modernidades".




Sin contar que no podía ignorar el hecho de que en casi todas las habitaciones relacionadas con las actividades domésticas había una cuna o un caballo balancín para niños. 


En otras palabras, si hoy con microondas y lavavajillas nos cuesta cuidar a nuestros hijos, imaginemos entonces.




Sería bueno que pudiéramos rescatar las cosas buenas que tuvimos en el pasado, pero sin perder nuestros pequeños logros diarios. ¿Es posible? ¿Qué opinas?



Fuente: https://casadefirulas.com.br/

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