¿Podría Trump cambiar de rumbo respecto a Irán?
TACO —la abreviatura en inglés de “Trump Always Chickens Out” (Trump siempre se echa para atrás)— se convirtió en un término entre los inversionistas la primavera pasada. Se había observado una pauta: la costumbre del presidente de dar marcha atrás a sus políticas más drásticas cuando el revés bursátil se intensificaba demasiado.
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El presidente Trump y sus ayudantes han dado indicaciones contradictorias sobre cuánto tiempo pretende Estados Unidos que dure la guerra. Al Drago para The New York Times
Lo hizo con los aranceles, cuando se retractó de algunas de sus posturas más extremas. Parecía que estaba a punto de invadir Groenlandia, y luego ya no. Y esta semana, mientras los precios del petróleo se disparaban y el S&P 500 caía, Donald Trump dio señales de que podría hacer algo similar en Irán.
Pero ¿puede Trump dar marcha atrás en Irán tan fácilmente como lo hizo con los aranceles o Groenlandia? Aquí escribo sobre por qué esto podría ser muy difícil.
Nadie sabe con certeza lo que hará el presidente Trump en Irán en los próximos días y semanas, pero hemos visto algunas señales de que podría estar buscando una salida.
La guerra está “muy completada, más o menos”, dijo Trump a CBS News el lunes. Más tarde, ese mismo día, insinuó que la guerra terminaría “pronto, muy pronto”.
Eso podría deberse a que las cosas se han complicado más de lo que él preveía.
La guerra prácticamente ha cerrado el estrecho de Ormuz, una ruta marítima crucial por la que viaja aproximadamente el 20 por ciento del petróleo mundial. Irán tiene en la mira las infraestructuras energéticas del Golfo, y los analistas han lanzado advertencias alarmantes sobre una inminente escasez de fertilizantes.
El lunes por la mañana, la bolsa estadounidense había caído y los precios del petróleo habían subido hasta alcanzar casi 120 dólares.
Sin embargo, para el martes por la mañana, cualquiera que hubiera apostado por el llamado comercio TACO parecía tener la razón: tras las insinuaciones de Trump sobre un final acelerado de la guerra, los mercados bursátiles repuntaron y el precio del crudo cayó.
Para Trump, los costos económicos y políticos de la guerra están aumentando. También es un año electoral crucial. A juzgar por sus acciones anteriores, este podría ser el momento de volver a apostar por que el presidente de Estados Unidos encontrará una manera de declarar la victoria y marcharse.
Sin embargo, una guerra real no es lo mismo que los aranceles, o incluso que la amenaza de una guerra. Casi dos semanas de enfrentamientos crean realidades sobre el terreno que hacen que la perspectiva de alejarse de Irán sea más complicada.
El funeral de funcionarios militares iraníes que murieron en ataques aéreos estadounidenses e israelíes en Teherán el miércoles. Arash Khamooshi para The New York Times
Un régimen nuevo ¿y peor?
Los ataques israelíes acabaron con el ayatolá Alí Jameneí, líder supremo de Irán, el primer día de la guerra, lo que suscitó esperanzas dentro y fuera del país de que un régimen más moderado —y, desde la perspectiva estadounidense, que favoreciera a Estados Unidos— podría tomar el poder.
Estas esperanzas se desvanecieron en gran medida esta semana, cuando el hombre que Estados Unidos e Israel habían advertido abiertamente que no querían en el poder fue nombrado el próximo líder supremo.
Hablé con mi colega Erika Solomon, nuestra jefa de la corresponsalía en Irán. Ella dijo que el nuevo líder supremo, Mojtaba Jameneí, clérigo de línea dura e hijo de Alí Jameneí, sigue siendo una incógnita.
Sin embargo, me dijo, “la mayoría de los expertos militares y de inteligencia con los que hablé piensan que, desde la perspectiva estadounidense, Mojtaba Jameneí será peor”.
Mojtaba Jameneí mantiene una estrecha relación con la fuerza militar más poderosa de Irán, la Guardia Revolucionaria, que lo veía como su candidato favorito.
En gran medida, su nombramiento se ha interpretado como una señal tanto de continuidad como de desafío; una señal de que el régimen no busca un cambio.
Jameneí también podría tener razones personales para mantenerse firme: también perdió a su madre, su esposa y su hijo en los ataques estadounidense-israelíes que mataron a su padre, y él mismo resultó herido.
El problema nuclear ahora podría ser un problema más grande
Los ataques estadounidenses contra las instalaciones de enriquecimiento de uranio de Irán el año pasado las dejaron gravemente dañadas, pero el país aún tiene reservas de uranio enriquecido.
Sus científicos aún tienen los conocimientos técnicos. Y si Estados Unidos se retirara ahora, cuesta imaginar que el joven Jameneí no se apresuraría a obtener un arma nuclear.
“Una guerra que pretendía impedir que Irán tuviera una bomba podría ser la guerra que en realidad empujó a Irán más allá del punto de no retorno hacia la obtención de una bomba”, dijo a Erika Danny Citrinowicz, exjefe de la rama en Irán de la inteligencia militar israelí.
Los funcionarios estadounidenses lo saben.
Al parecer, están lo suficientemente preocupados por esas reservas de uranio como para haber discutido el envío de tropas terrestres para recuperarlas. Un final de la guerra que de alguna manera no tenga en cuenta esos contenedores podría dejar a Estados Unidos e Israel en una posición peor que la inicial.
Una región inestable y unos aliados muy enfadados
Por el momento, dijo Erika, el gobierno iraní no parece estar al borde del colapso. Sin embargo, los riesgos de que se generen luchas internas son reales y cada vez más grandes.
El país está profundamente dividido entre los detractores del régimen —que siguen furiosos por una sangrienta represión que mató a miles de personas en enero— y los partidarios que se han radicalizado aún más con la guerra.
Un Irán inestable sería un escenario de pesadilla para los aliados de Estados Unidos en el Golfo, que han estado en la línea de fuego de Irán, me dijo mi colega Vivian Nereim, jefa de nuestra corresponsalía del Golfo en Riad.
Estos países “no quieren un gigantesco Estado fallido justo al otro lado del agua”, dijo; un Estado que podría crear crisis de refugiados e insurgencias, o dar lugar a milicias rebeldes que aterroricen el estrecho de Ormuz.
Arabia Saudita, el país más grande del Golfo, nunca quiso que Estados Unidos iniciara esta guerra, explicó Vivian. Pero “ahora que está ocurriendo, quieren terminarla”.
Por supuesto, lo que significa exactamente “terminarla” es el problema al que se enfrenta Trump.
Una guerra impopular
La guerra de Irán no es popular en Estados Unidos. La mayoría de los estadounidenses se oponen a ella y ya están empezando a sentir el costo. El incremento de los precios del petróleo disparó el precio de la gasolina un 17 por ciento.
Una de las fortalezas políticas de Trump ha sido su capacidad para dar marcha atrás cuando sus grandes apuestas han salido mal. Aún podría intentarlo aquí, pero se arriesga a dejar tras de sí una estela de destrucción con repercusiones potenciales para él, para Estados Unidos y para sus aliados.
Fuente: https://www.nytimes.com/


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