Juan Ramón Ridruejo: El último cierre de un hacedor incansable

"Volvió a la casa celestial Juan Ramón Ridruejo. Pasó por esta vida lleno de ideas para los jóvenes que abrazaron las múltiples disciplinas deportivas que puso a disposición de todos sin pedir nada a cambio."




No fue solo un editor que plasmó la realidad en su semanario, ni solo una voz que habitó el aire de la radio. Juan Ramón fue, ante todo, un arquitecto de lo imposible. 


Su legado no se mide en páginas impresas, sino en la mística del Triatlón de La Paz, ese gigante que parió con la tenacidad de quien no conoce el "no se puede" y que hoy es el orgullo de toda América.


Desde los días compartidos en los bancos de la secundaria, ya se vislumbraba en él esa chispa inquieta. 


Aquella energía lo llevó a ser el motor de duatlones, Ironmans y de esa travesía mística, la Esmeralda-La Paz, donde el río Paraná parecía rendirse ante su empuje y el de los nadadores y kayakistas que él inspiraba.


Su generosidad fue su marca registrada. Entregó su tiempo, su salud y su ingenio para que otros encontraran en el deporte una forma de vida. Juan Ramón no buscaba el aplauso; buscaba la meta para los demás.


Hoy, la ciudad se siente un poco más silenciosa sin su radio, y el río parece más ancho sin su guía. Pero nos queda el consuelo de saber que cada vez que un atleta se calce las zapatillas, que un joven se lance al agua o que un periodista busque la verdad con pasión, el espíritu de Juan Ramón Ridruejo estará ahí, dando la señal de largada, recordándonos que la vida, como el triatlón, es una carrera de fondo que se corre con el corazón.


Hasta siempre, Juan. Tu meta hoy está en lo más alto.


Es importante destacar que aunque él se fue, el Triatlón y las travesías son su "semilla" que sigue viva.


"Descansa en paz, querido amigo y compañero de ruta".



Fuente: Ana Fernandez

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