La masacre de La Bomba, de la tragedia al proceso de resistencia y las disputas por la verdad y la memoria
En octubre de 1947 en un paraje llamado La Bomba, una masacre perpetrada por la Gendarmería Nacional bajo las órdenes del Ministerio de Guerra y Marina resultó en una de las peores tragedias que la memoria del pueblo pilagá recuerda. Luego de más de sesenta años de silencio, los sobrevivientes y los hijos y nietos de las víctimas llevan adelante un proceso de reconstrucción histórica que incluye la puesta en valor de su memoria y la búsqueda de la verdad y la justicia.
Agentes de Gendarmería Nacional posando con niños y adolescentes pilagá secuestrados durante la masacre
Las familias viajaron desde los parajes más distantes para escuchar las novedosas noticias sobre un Dios hasta entonces desconocido y experimentar el poder de la palabra escrita en la Biblia, un libro al que este “hombre que curaba sin cobrar” recurría en sus sesiones terapéuticas.
Tonkiet conoció al Dios de los pentecostales en un viaje realizado durante el año 1945 a Zapallar, Territorio Nacional del Chaco donde contactó a un misionero norteamericano que no dudó en reclutarlo para sus filas.
Pero al regresar a Formosa desarrolló un culto novedoso que se alejó del pentecostalismo fusionándose con la religión ancestral y en el que las danzas, la música y las largas sesiones de sanación de los enfermos conformaron el eje de su práctica.
Tonkiet se apropió de los elementos religiosos que una cultura foránea introducía con energía en el Gran Chaco transformándolos y ante esta alteración de sus objetivos los pentecostales.
Documentalista, miembro de la Red de Estudios en Genocidio y Política Indígena de Argentina Descripción de Setkoki´ (Melitón Dominguez) sobre Tonkiet grabada en el año 2006 se alejaron de él considerando que sus prácticas tenían que ver “con los malos hábitos de los indígenas”.
La multitudinaria reunión que se desarrolló en La Bomba en 1947 no sólo incomodó a los misioneros, sino que se convirtió también en una clara manifestación de resistencia al poder estatal.
El paraje de La Bomba, antiguo asentamiento pilagá, era parte del circuito de paradas que permitía a las familias trashumantes alojarse cerca del pueblo de Las Lomitas, y de la estación de tren, antes de emprender el viaje a los ingenios azucareros de Salta y Jujuy, o al volver de la zafra.
El sitio está ubicado a orillas de un madrejón, que servía para el riego de las chacras y la cría de animales. Pero La Bomba, además, había quedado dentro del trazado de la Zona Militar y a escasos mil metros de un edificio que albergaba al escuadrón 18 de Gendarmería Nacional responsable del control policial de esta zona.
Este mismo edificio antes había sido ocupado por la Gendarmería de Línea y antes que eso por el 9 de Caballería con activa participación en diferentes campañas militares, dando continuidad al proceso genocida que resultó en el despojo territorial, la imposición de prácticas concentracionarias y los crímenes masivos contra los pueblos originarios.
Se cree que las personas que llegaron a La Bomba, y que no sólo cantaban y tocaban los tambores cada noche, sino que circularon por Las Lomitas durante semanas sumaron varios cientos a principios de octubre (las fuentes de gendarmería refieren más de mil).
En este espacio habían levantado una “corona”, una elevación de tierra de forma circular que hacía las veces de santuario y de escenario para las sesiones de sanación, y que a la vez constituía una marcación religiosa y política de aquel espacio.
Durante los primeros días de octubre los gendarmes y más tarde un funcionario de la Dirección de Protección al Aborigen, dependiente de la Secretaría de Trabajo y Previsión intentaron infructuosamente desalojar a los pilagá y despejar el paraje.
El 10 de octubre por la tarde, efectivos de la Gendarmería Nacional, dispararon con fusiles y ametralladoras pesadas contra la multitud.
Para esa fecha por resolución del Poder Ejecutivo, la Cesar Ceriani Cernadas Curso de aguas tranquilas y pantanosas Gendarmería había migrado de la égida del Ministerio del Interior a la del Ministerio de Guerra quedando bajo las órdenes de Humberto Sosa Molina.
Esta migración de la gendarmería estaba contemplada en la ley 12.545, para casos que comprometieran “el orden interno”.
De acuerdo a los testimonios de los sobrevivientes, la matanza y la persecución de las familias por el monte se extendieron durante semanas.
Según documentos Secretos y Reservados enviados desde el Ministerio de Guerra y recibidos por el Ministerio del Interior, el 16 de octubre mientras las patrullas se movían en tierra, un avión Junker de la Fuerza Aérea despegó desde El Palomar en Buenos Aires, hizo una parada en Resistencia donde se le colocó una ametralladora y se dirigió a Formosa para colaborar en la represión.
Durante la primera mitad del mes un número indeterminado de adultos y niños murieron debido a las heridas, a la sed y el hambre y en otros fusilamientos.
Durante la segunda mitad del mes se multiplicaron las capturas, se utilizó la violación como arma y se asesinó no sólo a adultos sino también a niños.
Quienes fueron capturados con vida fueron llevados a su destino final en las Colonias Indígenas de Francisco Muñiz y Bartolomé de las Casas a donde se los redujo a trabajar como peones bajo la vigilancia de la Gendarmería.
Un año más tarde, aproximadamente, las familias fueron escapando de estas colonias y con el tiempo algunos pudieron regresar a las inmediaciones de La Bomba y a sus comunidades en el norte y el este del territorio.
Durante más de sesenta años el pueblo pilagá no tuvo oportunidad de contar lo sucedido.
El terror fue sembrado con éxito y también la mentira. ¿Cómo pudieron ocultarse estos hechos? ¿Cómo pudo la masacre de La Bomba ser cubierta con tan robusto silencio?
Panorí, (Alejandro Granada) fallecido hace pocos años refirió hace tiempo: -“Nosotros no tenemos libros, los gendarmes tienen libros pero están llenos de mentiras” Panori (Alejandro Granada)
El testimonio de los sobrevivientes es también una manifestación de resistencia que enfrenta y cuestiona a la historia oficial.
Como fuente directa una vez registrado, y traducido, se convierte en documento, eso fue lo que sucedió en el juzgado N1 de Formosa en la causa por crímenes de lesa humanidad, en mayo de 2014, que dio como resultado el procesamiento de Carlos Smachetti, co-piloto del avión Junker.
Este breve artículo tiene su origen en los testimonios grabados entre los años 2006 y 2010 para el documental Octubre Pilagá, relatos sobre el silencio.
Fuente: Bancode Datos /Valeria Mapelman/http://conti.derhuman.jus.gov.ar/
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