El hombre que cambió la riqueza material por la eternidad: El verdadero legado de Manuel Belgrano
Manuel Belgrano no murió pobre por falta de oportunidades. Murió pobre porque jamás confundió la Patria con su patrimonio personal.
Tras liderar batallas decisivas para nuestra independencia, el gobierno le otorgó una verdadera fortuna en dinero. Cualquier otra persona habría comprado tierras, poder y comodidad para el resto de sus días. Belgrano eligió un camino distinto: transformó ese oro en escuelas, pensando en los niños que aún no sabían leer y en las generaciones futuras que jamás conocería.
Un reloj para el médico y una bandera para la historia
Al final de su vida, enfermo y sumido en el olvido, ni siquiera tenía con qué pagarle al médico que lo atendía en su lecho de muerte. Le entregó su reloj de bolsillo, casi lo último que le quedaba. A pesar de la escasez material, Belgrano era inmensamente rico.
Los colores celeste y blanco que hoy nos erizan la piel no nacieron en una oficina de marketing ni en una campaña política.
Nacieron del sueño de un hombre dispuesto a darlo todo por una nación que todavía no existía. Son los mismos colores que abrazamos con la Selección, los que nos hacen llorar en cada Mundial y los que nos unen cuando todo lo demás nos divide.
Cada vez que vemos flamear la bandera, estamos viendo su reflejo.
Principios versus privilegios.
En tiempos de tanta angurria, donde abundan dirigentes que convierten el servicio público en una carrera de beneficio personal, la figura de Belgrano se agiganta.
La historia se divide entre dos clases de personas:Los que acumulan cargos, privilegios y dinero.
Los que dejan una bandera, escuelas, principios y ejemplo.
Los primeros suelen morir ricos en lo material, pero vacíos en la memoria colectiva.
Belgrano murió pobre, pero conquistó algo inaccesible para el dinero. Los miserables pueden acumular millones; lo que jamás podrán comprar es la eternidad.
Fuente: Banco de Datos
Comentarios
Publicar un comentario