OPINIÓN : ¿EL KARMA?

Los policías que negociaron con Urribarri terminaron condenados. Ahora el exgobernador podría quedar alojado junto a exintegrantes de fuerzas de seguridad.




Hay historias que, con el paso de los años, parecen escritas por alguien que disfruta de las vueltas inesperadas.

Esta es una de ellas.

En diciembre de 2013, Entre Ríos atravesaba una de sus mayores crisis institucionales. Policías se habían autoacuartelado en Concordia en medio de un reclamo salarial y la ciudad quedó envuelta en una situación de extrema tensión, con saqueos y graves hechos de violencia.

Por entonces, Sergio Urribarri era gobernador de Entre Ríos.

Y fue él quien viajó personalmente a Concordia para sentarse a negociar con los policías que protagonizaban la protesta.

Después de varias horas de conversaciones, se alcanzó un acuerdo que permitió levantar la medida. El acta fue firmada el 9 de diciembre de 2013 por Urribarri y representantes de los policías. 

Entre otros puntos, contemplaba una recomposición salarial, el pago de retroactivos y el compromiso del gobernador de no iniciar actuaciones administrativas que derivaran en sanciones contra los agentes que habían participado de las manifestaciones.

La crisis terminó.
Los policías depusieron la medida.
Pero la historia judicial recién comenzaba.

De la mesa de negociación a la cárcel

En 2015, la Justicia condenó a 17 policías por el delito de sedición agravada, por su participación en el levantamiento ocurrido en Concordia en diciembre de 2013. 

Las penas fueron de entre tres años y seis meses y cuatro años y seis meses de prisión efectiva.

Después vendrían años de recursos, revisiones y discusiones judiciales.

Finalmente, las condenas quedaron firmes. En 2023 comenzó a ejecutarse el cumplimiento de las penas y parte de los condenados fue alojada en las unidades penitenciarias de Paraná y Gualeguaychú.

Aquellos policías que en 2013 habían estado sentados frente al gobernador reclamando mejoras salariales terminaron, años después, cumpliendo condenas.

Y ahora aparece una de esas vueltas que cuesta no mirar. El otro lado de la historia Sergio Urribarri también terminó condenado.

Su condena a ocho años de prisión quedó firme y el exgobernador fue trasladado a la Unidad Penal N.º 1 de Paraná.

Y allí apareció una situación particularmente llamativa.

Según se informó, después de pasar por el sector de admisión, se evaluaba su alojamiento en el denominado Pabellón de Seguridad, donde se encuentran detenidos exintegrantes de la Policía de Entre Ríos y de otras fuerzas de seguridad y armadas.

Incluso se informó que entre los internos de ese pabellón hay expolicías que cumplían funciones durante los años en que Urribarri era gobernador.

Finalmente, también surgió la posibilidad de que Urribarri sea trasladado a la Unidad Penal de Gualeguaychú, a pedido de su defensa, que planteó cuestiones vinculadas con su seguridad.

Pero mientras esa situación se define, la pregunta aparece sola.
¿Qué pasaría si Urribarri terminara compartiendo espacio penitenciario con alguno de aquellos policías con los que negoció en diciembre de 2013?

No sabemos si eso ocurrirá. No corresponde afirmarlo.
Pero la posibilidad alcanza para recordar aquella escena de hace casi 13 años.
Un gobernador. Una mesa. Policías reclamando. Una negociación. Una firma.
Una promesa. Y, años después, condenas.

¿Karma?

Por supuesto, no se trata de decir que Urribarri haya tenido responsabilidad en las condenas de aquellos policías.

Son causas diferentes. Son procesos judiciales diferentes. Y fueron los tribunales los que resolvieron la situación de cada uno. Pero desde el punto de vista político y humano, la imagen resulta inevitable.

En 2013, Urribarri estaba del otro lado de la mesa. Era el gobernador que buscaba destrabar una crisis y firmaba un acuerdo con los policías que habían tomado la Jefatura de Concordia.

Años después, esos policías terminaron condenados.

Y ahora el propio exgobernador cumple una condena y permanece detenido en la misma unidad penitenciaria donde existe un pabellón que alberga a integrantes y exintegrantes de fuerzas de seguridad.

Tal vez sea simplemente una coincidencia. Tal vez sea una de esas vueltas que tiene la historia. O quizás algunos prefieran llamarlo de otra manera.

Karma.

No porque la Justicia funcione como una revancha. Sino porque el tiempo tiene una particular manera de cambiar los lugares que ocupan los protagonistas.

En 2013, unos estaban frente a la mesa y otro estaba sentado del otro lado.

Hoy, todos podrían encontrarse separados apenas por las rejas de una misma cárcel. La historia, a veces, no necesita inventar finales. Solamente necesita esperar.



Fuente: Uruguayenses Digital

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