El emotivo recuerdo del grupo de pilotos que obtuvo su licencia hace 50 años en Esquel

En este texto, Daniel Wegrzyn vuelve a aquel 10 de octubre de 1976, cuando obtuvo su licencia de piloto junto a otros cinco jóvenes de Esquel. Una fotografía, el Piper Cherokee 140 y las enseñanzas de su instructor, Roy Pedro Wegrzyn, forman parte de una historia que sigue presente 50 años después.sábado 10 de octubre de 2026 09:10.



De izquierda a derecha: de pie, Víctor Hugo Serra, inspector de vuelo Pablo Calvón Flores y Aníbal Nasif; de cuclillas, instructor de vuelo Roy Pedro Wegrzyn, Gustavo Cilio, Pablo Krieger y Daniel Wegrzyn.


A 50 años de aquella nueva promoción de pilotos en Esquel

*Por: Daniel Wegrzyn


El 10 de octubre de 1976, seis jóvenes esquelenses obtuvimos nuestra licencia de piloto privado en el Aero Club Esquel. Medio siglo después, aquella fotografía conserva mucho más que un recuerdo: guarda el comienzo de una pasión que marcó nuestras vidas.


Ese día, Gustavo Cilio, Luis Bonpland, Aníbal Nasif, Pablo Krieger, Víctor Hugo Serra y yo, Daniel Wegrzyn, finalizamos nuestro curso de vuelo y obtuvimos la licencia de piloto privado de avión en el aeropuerto de la ciudad de Esquel, que también era sede del Aero Club.


Pasaron cincuenta años. Parece mucho relacionándolo a calendarios, pero basta con volver a mirar aquella fotografía para que ese segmento de tiempo desaparezca y los recuerdos aparezcan como recién vividos. Allí estamos, jóvenes, posando junto a nuestro amado Piper Cherokee 140 LV-LLT en el que aprendimos a volar, acompañados por nuestro instructor, Roy Pedro Wegrzyn, y por Pablo Calzón Flores, inspector examinador de la Fuerza Aérea que había llegado a Esquel para evaluar si estábamos en condiciones de asumir la responsabilidad de estar a los mandos de un avión.




Si bien se publicó en un diario regional, no era una noticia espectacular. No había épica de hazaña, de récords o de vuelos transoceánicos. Solo un grupo de muchachos de una ciudad patagónica que ingresaban al mundo aeronáutico, luego de mucho esfuerzo, entusiasmo, estudio, ahorro y muchas horas compartidas alrededor de un avión.


Pero en cada uno de nosotros comenzaba ese día una historia que suponíamos, pero que aún no conocíamos: el vuelo nos daba una nueva identidad, nos llevaría a lugares y nos relacionaría con personas impensadas, influiría en muchas de nuestras decisiones y, en algunos casos, terminaría proyectándose también sobre nuestras familias y las generaciones que vinieron después. Aquella licencia no era una línea de llegada. Era, en realidad, un punto de partida.


Tuve el orgullo y privilegio de que mi padre fuera nuestro instructor. Alguien que sentía profundamente la aviación, que integró la Fuerza Aérea Argentina, fue mecánico de los grandes bombarderos Avro Lincoln, jefe del Aeródromo de Esquel durante mucho tiempo, piloto dispuesto a cualquier necesidad o contingencia e instructor de vuelo. Su enseñanza fue sobre mas de un centenar de alumnos en distintos aeroclubes y localidades de la Patagonia.



Daniel Roy Wegrzyn
(Facebook)


Después de una larga jornada vino el festejo, naturalmente alrededor de un asado, como correspondía a la tradición de los aeroclubes de aquellos años. Hablamos durante horas de vuelos, aviones y proyectos. Éramos muy jóvenes y ninguno podía saber entonces hacia dónde nos llevaría la vida.


Algunos continuaríamos ligados intensamente a la aviación. Otros seguirían caminos diferentes. Vendrían estudios, familias, trabajos, mudanzas, alegrías y también pérdidas. Pero aquel día quedó como un jalón común en el devenir de nuestras historias.


Por eso, al cumplirse 50 años de aquel 10 de octubre de 1976, quiero recordar especialmente a quienes nos acompañamos en ese comienzo: Gustavo Cilio, Luis Bonpland, Aníbal Nasif, Paul Krieger y Víctor Hugo Serra. 



Facebook de Daniel Roy Wegrzyn
(Foto de Pablo Wegrzyn)


Y también a quienes hicieron posible que aquel grupo pudiera llegar al examen: Don Pablo Calzón Flores, que tuvo la responsabilidad de evaluarnos, y muy especialmente a mi padre Roy Pedro Wegrzyn, que no sólo nos enseñó a manejar un avión sino que nos transmitió una pasión y una forma de entender el vuelo.



Fuente: Banco de Datos/ 

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