La primera aviadora sudamericana es argentina: la fascinante historia de Amalia Figueredo
El cielo de principios del siglo XX era un territorio exclusivo de hombres y de audaces visionarios. Sin embargo, las barreras de la época no impidieron que una joven argentina desafiara las leyes de la gravedad y de las convenciones sociales. Amalia Celia Figueredo se convirtió en la primera mujer en pilotar un avión en Sudamérica, marcando un hito imborrable para la región.
El historiador Eduardo Lazzari repasó su legado y nos invita a redescubrir la vida de esta pionera que abrió las alas a las futuras generaciones de mujeres en la región.
Un destino que cambió en el aeródromo
Nacida en Rosario el 18 de febrero de 1895, Amalia se mudó de joven con su familia a Buenos Aires. En un contexto de prosperidad económica, sus padres buscaron darle una excelente educación, lo que la llevó a estudiar obstetricia en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires.
Sin embargo, a los 19 años su destino dio un giro radical al mudarse al barrio de Villa Lugano, lugar donde se encontraba el primer aeródromo de la ciudad. Fue allí donde conoció al célebre Jorge Newbery, quien se convirtió en su mentor y principal impulsor en el ámbito aeronáutico.
El vuelo contra los prejuicios
Aprender a volar no fue una tarea sencilla para Amalia, y menos por el hecho de ser mujer. Sus primeros pasos los dio en Villa Lugano sobre un monoplano, pero las autoridades y allegados del lugar se resistían a dejarla volar en solitario debido a los prejuicios de género.
Lejos de rendirse, se trasladó al Aeródromo de San Fernando, donde comenzó a entrenar en un biplano Farman-Gnome.
Su constancia rindió frutos: el 1 de octubre de 1914, Amalia Figueredo aprobó su examen y obtuvo el Brevet Internacional de Piloto Aviador Nº 58. Con este logro, ingresó formalmente a la historia grande de la aviación mundial, siendo la 24ª mujer en el planeta en conseguirlo.
Un reconocimiento que tardó en llegar
Como destaca Lazzari, el reconocimiento popular y de los países vecinos hacia Amalia fue, inicialmente, mucho más rápido que el de las propias instituciones oficiales de su país.Uruguay la declaró aviadora civil y heroína de la aviación sudamericana.
Brasil le otorgó la Orden del Mérito con el grado de Gran Oficial.
Francia también rindió homenajes a su audacia.
En Argentina, el reconocimiento formal llegó en la madurez de su vida. En 1970 fue declarada Benemérita de la Aeronáutica Argentina. Más tarde, a los 88 años, la Fuerza Aérea Argentina le reconoció el grado militar de capitán de reserva.
Amalia Figueredo falleció en Buenos Aires a los 90 años, el 8 de octubre de 1985. Sus restos descansan en el panteón militar del Cementerio de la Chacarita. Aunque pocas calles céntricas llevan su nombre, el aeródromo de Cosquín se alza como uno de los grandes homenajes civiles que recuerdan a la mujer que demostró que el cielo no tiene dueños.
Fuente: Banco de Datos
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