Rep y Charly absolutos: el fuego de un mito contemporáneo dibujado y contado a orillas del Paraná

Miguel Rep presentó su libro sobre la vida y la obra de Charly García en el octavo piso del Hotel Howard Johnson Mayorazgo, en una nueva edición del Ciclo de Charlas Periodísticas de ANÁLISIS, con el acompañamiento de Canal 9 Litoral. Una noche en la que el dibujo, la música y la memoria se encontraron bajo el resplandor de una ciudad que parecía flotar entre el cielo nocturno y el río.




Enseña el diccionario que “Absoluto” proviene del latín “absolūtus”, participio de “absolveré”: soltar, liberar, desligar. En su sentido más profundo, lo absoluto no depende de otra cosa para existir porque es pleno, independiente, libre de ataduras. 


También designa lo total, lo incondicionado, aquello que parece escapar de los límites y las medidas convencionales. Hay, en esa palabra, un destino de libertad, una voluntad de no aceptar fronteras. 


Y si existe un artista argentino que convirtió esa aspiración en una forma de vida, en un lenguaje musical y en una identidad estética, ese es Charly García. Y si hay alguien capaz de ponerle trazos a las vidas, sabiendo que toda biografía es incompleta porque es inasible, ese es Miguel Rep.


Por eso, absoluto es también el desafío que asumió Miguel Rep al internarse en el universo del músico. 


No para encerrarlo en una biografía ilustrada, ni para ordenar sus excesos detrás de una cronología prolija, sino para intentar capturar -desde el dibujo y el humor- la combustión de una existencia entregada a la música. 


“Charly absoluto” es el título de un libro que se atreve a cruzar las fronteras entre el oído y la mirada, entre la canción y la caricatura, entre la persona y el personaje. Un trabajo que busca contener lo inabarcable sin quitarle misterio.


La presentación -como se indicó- tuvo lugar en el octavo piso del Hotel Howard Johnson Mayorazgo, en el marco del Ciclo de Charlas Periodísticas de ANÁLISIS, con el acompañamiento de Canal 9 Litoral. 


Desde aquella altura, Paraná ofrecía un espectáculo que parecía escrito para la ocasión: el río, caudaloso, avanzaba con un pulso propio, desplegando sus aguas como una partitura interminable. Sus corrientes y remolinos componían una música sin instrumentos, un movimiento profundo y persistente que evocaba los ritmos imprevisibles de Charly García. 


Más allá, las luces de la ciudad titilaban como luciérnagas suspendidas en la oscuridad, pequeñas señales de vida entre el cielo y el agua. 


Todo parecía dispuesto para comprender que hay músicas que no se escuchan solamente: también se contemplan, se dibujan y se sienten. Y hay libros que suenan “y se mueven” al decir del propio Rep.


La conversación, conducida por el periodista Sebastián Gálligo (Ahora TV y Canal 9 Litoral), tuvo el tono de los encuentros en los que una figura pública deja paso al artesano que hay detrás de su obra. 


Rep habló de sus investigaciones, de sus obsesiones, de las lecturas que alimentaron el libro y, sobre todo, de esa energía indómita que convirtió a Charly en mucho más que un compositor: una presencia decisiva en la cultura argentina.


Pero, antes de las palabras, la música encontró -como el agua que busca su destino de mar o de lluvia- su propio espacio. La voz de Soraya Jacob, acompañada por Roma Acosta en teclados y voz, ofreció una interpretación sublime, delicada y respetuosa del repertorio “garciano”. 


No se trató simplemente de versionar canciones conocidas, sino de entrar en ellas con sensibilidad, reconocer sus pliegues y devolverlas al público desde una intimidad compartida. 


Por un instante, el encuentro adquirió la solemnidad de un concierto de cámara. Rep lo expresó a su manera: escuchar esas interpretaciones le evocaba la reverencia con que los músicos clásicos abordan a Bach, Mozart o Chopin.


La comparación no era casual. Para Rep, en el corazón de toda obra consagrada sobrevive el recuerdo de una creación que, en su origen, pudo haber sido caótica, urgente, incluso desesperada. El fuego inicial se transforma con el tiempo en una obra que otros interpretan, estudian y veneran. 


Así ocurre con los grandes compositores y así sucede con Charly García: detrás de las canciones que hoy forman parte de la memoria colectiva existió un creador que componía entre intuiciones, acordes, fragmentos de letras y búsquedas que no siempre obedecían a un plan.


“Ese es el aporte de las nuevas generaciones, cómo van sedimentando aquello que fue un fuego ingobernable del creador”, reflexionó Rep. 


En esa imagen, la del fuego que con los años se convierte en clásico, apareció una de las claves de “Charly absoluto”: dibujar no solamente lo que Charly fue, sino también la energía que lo hizo posible.




El hombre, el personaje y la combustión


El recorrido de Charly García es también una sucesión de desprendimientos. Sui Generis, La máquina de hacer pájaros, Serú Girán y la carrera solista no aparecen como estaciones de un itinerario lineal, sino como territorios que el músico habitó hasta sentir la necesidad de abandonarlos. 


Cada proyecto pareció contener, desde su nacimiento, la posibilidad de su propia transformación.


Miguel Rep recordó aquellas decisiones abruptas, las despedidas que abrían nuevos caminos y la capacidad de Charly García para desarmar lo que acababa de construir. 


Después de Sui Generis llegó La Máquina; más tarde, Serú Girán; luego, la aventura solista y una sucesión de discos que ampliaron las fronteras del rock argentino. 


Con “Say No More”, aquella búsqueda pareció llevarse hasta sus últimas consecuencias: la identidad convertida en obra, la obra convertida en personaje y el personaje como una forma radical de libertad.


Para comprender ese proceso, Rep no se limitó a escuchar discos. Leyó, investigó, reunió testimonios y reconstruyó contextos. Se sumergió en los libros de Roque Di Pietro, Fernando Samalea y Sergio Marchi, entre otros, y en las conversaciones y publicaciones que siguieron el derrotero de Charly García durante décadas. 


Llegó a reunir cientos de apuntes antes de enfrentarse a la tarea de seleccionar, relacionar y transformar ese material en dibujos.


La investigación fue, en sus palabras, una manera de acercarse a las preguntas que siempre le provocó el músico: por qué abandonaba un proyecto, cómo surgían sus canciones, qué lecturas y referencias alimentaban sus letras, de qué modo dialogaban la música y las imágenes que acompañaban cada disco.


Porque Charly también construyó su universo con los ojos. Rep recordó la influencia de las artes visuales, las tapas de discos, los fotógrafos y los diseñadores que contribuyeron a forjar su identidad pública. 


Mencionó a Juan Gatti, vinculado a las portadas de Sui Generis y La Máquina de Hacer Pájaros, y a Renata Schussheim, entre otros artistas que ayudaron a configurar una estética inseparable de la música.


Incluso los títulos y las referencias populares revelaban esa sensibilidad. 


La Máquina de Hacer Pájaros remitía a la historieta de Crist publicada en la revista cordobesa “Hortensia”, una señal de que Charly García observaba y absorbía expresiones gráficas que no siempre ocupaban un lugar central en “las jerarquías culturales”.


El Rockstar -explicó Rep- no se construye únicamente con canciones. También lo hacen las imágenes, los gestos, las tapas, las fotografías, las apariciones públicas y una particular manera de habitar el mundo. En Charly García, esos elementos se amalgamaron hasta volver difícil separar a la persona del personaje.


Fito Páez, quien presentó el libro junto a Rep en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, había advertido sobre el riesgo de convertir a Charly en una caricatura de sí mismo. 


Rep recogió aquella preocupación, pero sostuvo que el personaje es una dimensión esencial de su obra. No como una máscara superficial, sino como una construcción artística que terminó por formar parte de su identidad.


La caricatura -en ese sentido- no consiste en exagerar un rasgo para provocar una risa fácil. Consiste en encontrar la forma capaz de revelar algo (quitar la máscara) que una fotografía, una descripción o una biografía quizá no alcancen a expresar.




Una noche en la habitación de Charly


Entre las experiencias que alimentaron el libro, Rep evocó una noche en Bogotá, cuando acompañó a Fito Páez y compartió durante horas el espacio de Charly García. No la describió como una revelación sentimental ni como un encuentro idealizado. Lo que encontró fue un músico absorbido por su propio universo, ajeno a las convenciones habituales del trato social, que alternaba movimientos, gestos, objetos y momentos frente al piano.


En aquella habitación, Charly tocaba, probaba acordes, manipulaba cassettes y pequeños aparatos, subía y bajaba, aparecía y desaparecía de la escena inmediata. 


Rep recordó que el músico parecía no registrar la presencia de quienes estaban a su alrededor. La música era su centro y todo lo demás quedaba subordinado a ella.


De aquella noche surgieron algunos dibujos del libro, entre ellos uno en el que Charly García aparece tocando el piano. 


La experiencia le permitió comprender una dimensión del personaje que difícilmente habría encontrado en los documentos: la entrega absoluta al acto creativo, la existencia organizada alrededor de una música que no reconocía horarios ni pausas. “Es simplemente un ser que vive para la música”, resumió.


La imagen dialoga con el Charly de hoy, con el hombre que ha atravesado décadas de transformaciones y que sigue despertando afecto y reconocimiento. Para Rep, todas esas versiones forman parte de una misma figura: el niño de oído extraordinario, el joven que descubrió a The Beatles y decidió apartarse de la música clásica, el compositor de canciones que marcaron generaciones, el protagonista de episodios públicos turbulentos y el artista que, con el tiempo, adquirió otra presencia.


El libro no pretende resolver las contradicciones. Las incorpora e incluso las saborea como un aprendizaje de vida.


Dibujar desde el ojo, escuchar desde la memoria


Uno de los aspectos más reveladores de la charla fue la explicación del método de trabajo. Rep contó que nunca dibujó “Charly absoluto” siguiendo un orden cronológico. 


Un día podía dibujar al músico a los 40 años; al siguiente, regresar a su adolescencia; después, retratarlo en el presente. 


Las imágenes fueron apareciendo según una lógica propia, hasta que llegó el momento de reunirlas y descubrir las relaciones que podían establecer entre sí. 


Enseñan los guaraníes que no hay tres tiempos (pasado, presente y futuro), sino cuatro. Porque el tiempo de la creación o el de la ensoñación cabalga por todos ellos juntos. Así fue -en ese cuarto tiempo- de alguna manera el proceso creador de Rep para llegar al “Charly absoluto” de hoy.


Pero, hubo más. Con la ayuda de su editor -Nacho Iraola- decidió evitar una estructura rígida de capítulos dedicados a cada etapa o agrupación. Quería que el libro fluyera, que las imágenes se encontraran sin necesidad de obedecer a una sucesión escolar de fechas y acontecimientos. Y el prólogo de Rodrigo Fresán terminó de ofrecer un marco para esa experiencia.


“Este es un libro del ojo”, explicó Rep. Su aproximación a Charly García parte de las artes visuales y del humor gráfico, no de una pretensión de análisis musical. Su intención fue investigar aquello que las tapas de los discos, las fotografías y las imágenes podían revelar sobre el universo del músico.


Esa elección también permite comprender por qué la caricatura ocupa un lugar central. El dibujo no aparece como un complemento decorativo de la biografía, sino como una forma de conocimiento y de reconocimiento. Rep se apropia de aquello que estudia mediante la mirada y la mano; al dibujar, interpreta, selecciona, relaciona y encuentra sentidos.


Contó que, durante el proceso, llegó a sentirse habitado por Charly García. Como les ocurre a los actores que se sumergen durante meses en un personaje, la investigación se volvió una experiencia de apropiación: por momentos, Rep despertaba pensando desde ese universo. 


Algo parecido le había sucedido con Diego Maradona. El trabajo no concluía al cerrar el cuaderno; la identificación seguía resonando después.


Por eso, al hablar de la obra terminada, reconoció que todavía sentía la necesidad de continuar dibujando a Charly. El libro no había clausurado el vínculo, sino que lo había intensificado.


También se detuvo en un aspecto fundamental de la música: no siempre hace falta comprenderlo todo. A veces, una canción entra primero por el oído y permanece en la memoria antes de que las palabras revelen su significado. 


Lo mismo sucede frente a una obra plástica: una imagen puede conmover sin entregar de inmediato todas sus claves. El arte -sugirió- admite la duda, la intuición y el misterio.


En esa defensa de lo inexplicable apareció otra acepción de lo absoluto: aquello que no necesita ser traducido por completo para ejercer su poder.


El humor como una forma de revelación


La sonrisa fue otra de las claves que atravesaron la conversación. Rep reivindicó el costado humorístico de Charly García, una dimensión que aparece tanto en sus canciones como en sus gestos, sus provocaciones y su capacidad de intervenir en el espacio público.


Recordó cómo “La grasa de las capitales” -de Serú Girán- le permitió reconocer con mayor claridad esa veta: una parodia de los códigos de la revista “Gente” y de sus celebraciones de los personajes del año. Allí, el humor no era un adorno, sino una herramienta para mirar críticamente a la realidad y a la sociedad.


Para Rep, Charly es también un humorista, alguien capaz de desarmar las solemnidades y revelar las contradicciones de una época. Su figura pública, con sus desbordes y sus controversias, integra el retrato cultural de la Argentina tanto como sus canciones. No se trata de justificar cada episodio, sino de comprender que el personaje se fue construyendo en la intersección entre la obra, la exposición pública y las respuestas que provocó.


En esa lectura, “Charly absoluto” propone algo más que una colección de dibujos: una interpretación de la cultura argentina a través de uno de sus artistas más influyentes. Charly García aparece como un espejo de sus tensiones, sus contradicciones, sus sueños y sus zonas oscuras.


Miguel Rep también habló de la comunidad que encuentra en la música. Contó sus vivencias en torno a ¡FA! -el ciclo de música, tertulia y encuentro conducido por Mex Urtizberea- que, en sus encuentros con músicos de distintos géneros y trayectorias, percibe una alegría compartida que atraviesa las diferencias, incluso las ideológicas. Algo similar había experimentado junto a artistas plásticos de generaciones diversas, cuando participó en la realización de grandes murales. En ambos casos, el encuentro creativo parecía suspender por un momento las jerarquías y las rivalidades.


Ese espíritu colectivo recorre el libro como un arcoíris -para usar un término del propio Rep. Así, las canciones de Charly no pertenecen solamente a quien las compuso. Se expanden hacia los músicos que las interpretan, los artistas que las representan y el público que las incorpora a su propia historia.




La voz de Soraya Jacob, acompañada por Roma Acosta en teclados y voz, ofreció una interpretación sublime, delicada y respetuosa del repertorio “garciano”.


Un libro que sigue sonando


Entre las preguntas del público surgió una inevitable: ¿Charly había recibido el libro?


Rep contó que lo envió apenas salió de imprenta. Recordó la alegría que sintió al tenerlo por primera vez entre las manos, una emoción poco habitual después de tantos libros publicados. 


Había imaginado el resultado durante meses, pero el objeto terminado consiguió sorprenderlo. Charly García recibió el ejemplar y, según le hicieron saber, le había gustado. Más tarde, sus asistentes comenzaron a pedir otros ejemplares para regalar a personas cercanas.


El gesto, pequeño en apariencia, tenía para Rep un significado especial: el libro había llegado a su destinatario y había encontrado una forma de reconocimiento.


La charla concluyó sin que el universo de Charly quedara agotado. ¿Cómo podría hacerlo? Su música sigue ofreciendo nuevas entradas, nuevas preguntas y distintas maneras de ser escuchada. 


La obra de Rep participa de ese movimiento: no busca fijar definitivamente una figura, sino multiplicar sus posibilidades.


Afuera, el Paraná continuaba su marcha caudalosa. Desde el octavo piso, las luces de Paraná parecían pequeñas luciérnagas suspendidas sobre la noche, mientras el agua avanzaba con su ritmo antiguo, impasible y musical. 


Adentro, las voces de Soraya Jacob y Roma Acosta habían prolongado las canciones más allá de sus versiones originales, y las palabras de Miguel Rep habían trazado una cartografía sensible de un artista que hizo de la libertad su marca.


Quizá allí resida el sentido más profundo de “Charly absoluto”: en reconocer que lo absoluto no es necesariamente lo perfecto, lo inmóvil o lo terminado. Puede ser, también, aquello que se entrega sin reservas a su propia búsqueda; lo que se transforma, se contradice, cae y vuelve a levantarse convertido en otra cosa.


Charly García es esa música que desborda sus propios límites. Miguel Rep, con el lápiz como instrumento y el humor como brújula, intenta seguirle el pulso. Y el río, allá abajo, parece acompañarlos. Como una canción que nunca termina.



Fuente: analisisdigital.com.ar

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