Cuando el prejuicio pesa más que la tragedia: la empatía que perdimos en las redes
Es lamentable que, tras un accidente aéreo en el que nueve personas perdieron la vida, el foco de algunos se desvíe hacia comentarios machistas sobre la tripulación. Ante una tragedia de esta magnitud, lo primero que cabe preguntarse es qué tan rota debe estar una persona por dentro para reaccionar con odio en lugar de con respeto. Este tipo de actitudes no solo reflejan una ignorancia profunda sobre la aviación, sino algo mucho peor: una alarmante deshumanización y la normalización de la falta de empatía en nuestra sociedad.
El desconocimiento técnico detrás del prejuicio.
Muchos de los ataques vertidos en las redes demuestran que quienes opinan no tienen la menor idea de cómo se opera una aeronave moderna.
En una cabina de vuelo, las tareas están perfectamente distribuidas entre los dos profesionales al mando, independientemente de su género:
Pilot Flying (PF): Es el piloto encargado de volar el avión de forma activa, ya sea manejando los controles manualmente o gestionando los sistemas automáticos.
Pilot Monitoring (PM): Es el piloto encargado de supervisar el vuelo, revisar los sistemas, gestionar las comunicaciones por radio y asistir en todo momento al PF.
Ambos roles son intercambiables y los ejercen tanto comandantes como copilotos. Por lo tanto, escuchar la voz de una mujer por la radio no significa que ella estuviera a los mandos en ese instante. Además, criticar su tono de voz durante la emergencia es de una gran vileza.
Lo que se escucha en esas grabaciones es a una profesional íntegra, intentando comunicarse hasta los últimos segundos en una situación desesperada. Eso no merece debate; merece un respeto absoluto.
En la aviación comercial no existen los géneros: todos los pilotos superan la misma formación exigente y cumplen los mismos estándares rigurosos.
Un problema social que va más allá de la tecnología
Más allá de las aclaraciones técnicas, lo verdaderamente preocupante es la alarmante falta de solidaridad que estamos normalizando como sociedad.
Detrás de este accidente hay vidas truncadas, familias destrozadas y un dolor inmenso que debería llamarnos al silencio y a la compasión.
Si ni siquiera ante la muerte somos capaces de dejar a un lado los prejuicios, las burlas y la necesidad compulsiva de opinar para hacer daño, el diagnóstico es claro: sufrimos una profunda crisis de humanidad.
Podemos avanzar a pasos agigantados en tecnología, ciencia y aviación, pero de nada sirve conquistar los cielos si en el camino perdemos el suelo de la empatía más básica.
Vaya desde aquí nuestro más sincero y respetuoso pésame a las familias y seres queridos de las víctimas. Que el silencio y el respeto prevalezcan sobre el ruido.
Fuente: Banco de Datos

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